Los seres humanos somos seres verbales. Creamos mundos en nuestra mente a través de recuerdos y pensamientos y nos involucramos con nuestras emociones y sensaciones. El papel de las emociones en el management es muy relevante. Y te aseguramos que no hay demasiado escrito sobre ello.

¿Qué implicación tiene en la gestión de equipos el miedo, la ira, la envidia o la pereza?

¿Cómo nos sentimos en un puesto cuando en otro anterior hemos tenido una sensación de fracaso

¿Cómo es posible que nos digamos a nosotros mismos?: “Tú no vales, eres un inútil, no mereces nada, mi vida es un desastre, tengo miedo.”

Para la mayoría de las personas, los acontecimientos internos que más profundamente limitan nuestra flexibilidad psicológica son los que no queremos experimentar: malos recuerdos, pensamientos desagradables o sentimientos de miedo. A menudo éstos desvían rápidamente nuestra respuesta, alejándola del presente para deshacerse de estos eventos internos no deseados.

Veamos un ejemplo que ilustra esta idea:

Una profesional, María, tiene un puesto que requiere presentar en público cada 3 meses ante el comité de dirección. Por su historia, no importa ahora el porqué, ella dice tener miedo a ponerse delante de otros, a hablar en público. En cuanto sale a exponer tiene taquicardias, manos sudorosas y voz seca. ¿Te resulta familiar…?

Acaba de pedir reducir de categoría profesional porque se siente una malísima profesional.

El concepto que tiene sobre sí misma y la concepción del mundo que le rodea están marcando su desempeño.

Si te fijas, sus pensamientos y sensaciones físicas ESTÁN MARCANDO su rendimiento, incluso sus planes de futuro.

De otra forma, y aquí va una clave importante, María está siendo GOBERNADA por su mundo interior y no tanto POR EL TIPO DE PROFESIONAL que quiere ser. Se ha hecho muy dependiente de sus sensaciones y pensamientos.

Lamentablemente, en mayor o menor medida, esto nos pasa a todos. Pero algunas personas quedan limitadas a su mundo interior y empiezan a funcionar en su trabajo evitando pensamientos o recuerdos que no les agradan.

¿Es esto necesariamente malo? No…de hecho esta profesional funciona así porque hay algo muy valioso que quiere mantener: seguramente sea su valor de hacer bien las cosas, de ser una buena profesional, de convencer a los demás.

Toma conciencia por un instante sobre el rol de las emociones en el mundo empresarial… ¿Imaginas tener la capacidad de dirigir a tu equipo conociendo el papel que representan sus emociones y pensamientos?

Tener claros tus pensamientos y saber utilizarlos correctamente te llevará a ti y a tu equipo a dar lo mejor en el trabajo y liberarte de cargas y preocupaciones innecesarias.

Prestemos  ahora atención a Francisco, mando intermedio de una importante multinacional, que nos dice: “Me siento a menudo solo con mi equipo. Creo que si tuviera una mejor opinión de mí, más seguridad, sería un mejor manager. Más exigente y honesto. Pero siempre me echo por tierra. Necesito más autoestima y motivación. Y mi jefe no me motiva”.

La idea de la autoestima y de la motivación es como una epidemia. Como ilustra el ejemplo de Francisco, ambos conceptos parecen responsables de todo. Si un jefe es un mal líder es porque no sabe motivar; de hecho, a los que nos dedicamos a formar se nos pide habitualmente impartir cursos de “motivación”.

A menudo, los clientes nos indican que quieren estimular la autoestima para que sea lo más “alta posible”. Y yo les pregunto “¿qué significa para vosotros la autoestima?». No recuerdo dónde, alguien escribió una definición muy sencilla: la autoestima es la opinión que uno tiene acerca del tipo de persona que uno es.

Entonces es interesante subrayar que no es un hecho objetivo sino más bien un conjunto de ideas y creencias que tenemos sobre nosotros mismos. Sin embargo, algunos líderes se etiquetan en un tipo de management sin fundamento claro, por alguna experiencia difícil en su carrera profesional, lo que acaba generalizando un estilo de dirección que lejos está de sus verdaderas capacidades…¿Ves el papel de las emociones en el management?

Imaginemos que decidimos tener más autoestima, aumentar nuestra motivación. ¿Cómo hacemos para conseguirlo? Lo que tendemos es a razonar, a dar explicaciones y argumentos. A intentar, a través del a conversación, modificar sus ideas para que acabe concluyendo “¡Sí, estoy motivado! Voy a atender bien a este cliente, a este usuario…”. También podemos llenarnos de pensamientos positivos sobre nosotros “de qué me quejo, tengo un buen trabajo, estable, mi equipo es simpático… eso significa que soy buena persona y un buen responsable de equipos”.

Podemos creernos esto, entonces nuestra motivación aumentará. La dificultad es que con esta actitud, venga de nosotros mismos o de nuestros superiores, debes estar constantemente demostrándote que estás motivado.

 Y buscando retroalimentación exterior que te ayude a reforzarte en estas ideas. Esto consume mucho tiempo y esfuerzo. Un manager puede pasar muchas horas diciendo cosas a sus equipos en aras de aumentar la motivación. Pero es una partida interminable.

Lo cierto es que podemos encontrar infinidad de historias buenas y malas que contarnos sobre nosotros mismos. “Como has podido ser tan inútil” ¿A que es una frase que podrías decirte ahora mismo si piensas en algo que has hecho la última semana?

De ahí la importancia de, sobre todo en los primeros años como dirigente de personas, ser acompañado por un buen líder, un mentor que ayude a las labores de espejo para que este reflejo ayude a tomar consciencia de las oportunidades enormes que tendrá para mejorar.

Así, el relato construido por la persona puede ser “tocado” para hacer mejorar sus capacidades, basándose en evidencias y entrenando destrezas.

Sabemos que los estados de ánimo vienen y van como las nubes. Y que no siempre podemos tener nuestras ideas sobre nosotros mismos bajo control.

Un directivo recibe miles de inputs de fuera y dentro de su trabajo que acaban tejiendo una enorme red de ideas que desembocan en muchos pensamientos.

Quizá puedas probar otra cosa contigo y con los colaboradores de tu equipo. Partamos, sólo como hipótesis, de que tener motivación o no tenerla no está relacionado con la posibilidad de tener una vida profesional rica.

Supongamos que tendremos días con muchas sensaciones agradables (autoestima, motivación, energía, ilusión, optimismo, etc.) y que otros días tendrán más bien sensaciones que no nos gustan (tristeza, desilusión, etc.).

En primer lugar, saca a relucir tus valores, lo que da significado a tu trabajo. Y emprende alguna acción que encaje con estos valores. Dale realce a tu vida profesional haciendo lo significativo para ti. Si es enseñar, pasa tiempo con tu equipo; si es aprender, dedica un poco de tiempo a estudiar; o si es dejar un legado empresarial, plantea una estrategia amplia socialmente.

Y cuando por error te desvíes de estos principios, no te creas todos los juicios terribles que te harás sobre ti!!