¿Qué valores aportaría usted a nuestra compañía? ¿Cuáles son sus mayores virtudes como profesional? ¿Por qué le gustaría trabajar con nosotros? Estas son algunas de las preguntas a las que se enfrenta, con frecuencia, cualquier candidato a un puesto de trabajo. A partir de ahora, es posible -tal vez, iremos viendo- que deban hacer frente a una nueva: ¿Posee usted pasaporte inmune ante el Covid-19? Hablamos de la inmunidad ante el virus como posible nuevo valor en los procesos de selección y, en general, en la reincorporación laboral.

Todo comenzó, para la gran mayoría de nosotros, en el mes de marzo, con el confinamiento de la población como medida de contención de la epidemia. Han transcurrido apenas dos meses desde entonces, pero la sensación puede ser que ha pasado mucho más. Y no sólo tiempo.

La sociedad, nuestro mundo se paralizó. Personas retiradas en nuestros hogares, actividades frenadas en seco, una frenada brutal que hizo derrapar y colisionar de rebote casi todo lo establecido.

Y ahora, cierto tiempo después de que ese huracán haya arrasado, se empiezan a abrir las puertas bajo la premisa de un cierto control de la epidemia, los contagios. Reactivar la economía, incorporarse a los puestos de trabajo -al ritmo preciso y cuidadoso que marque la evolución de los datos sanitarios- se hace necesario.

Dar luz a una economía sana, pero no sólo en lo que se refiere a números. Una economía sana integrada por personas sanas que le den una adecuada y práctica continuidad.

Es en este contexto en el que hemos empezado a ver algunos movimientos novedosos: empresas que, por su propia iniciativa, encargan la realización de tests a sus empleados como condición necesaria previa a su reincorporación, con el fin de evitar posibles nuevas bajas y contagios entre su plantilla.

Algunos contratantes, no obstante, han dado un paso más allá. Un paso un poco incierto aún, puede ser, y que consiste en asegurarse de que sus trabajadores posean la deseada inmunidad frente al Covid-19.

Hemos visto ya algunos ejemplos de esto: una persona, por ejemplo, que quiere contratar a alguien que cuide de su familiar de edad avanzada y quiere, necesita asegurarse de que esa persona ha superado el virus. Atisbamos ya, por tanto, la importancia de la inmunidad frente al virus como valor añadido en procesos de selección de personal.

La cuestión es espinosa, sin embargo. Plantea numerosas incógnitas en varios sentidos. A priori, se nos ocurren:

  1. La verdadera efectividad de dicho pasaporte inmune. Mientras ciertas voces autorizadas exponen que una persona con anticuerpos no podría volverse a infectar ni infectar a los demás, otras fuentes -véase OMS- señalan que este hecho no está probado. La eficacia de los tests rápidos y otra serie de consideraciones técnicas de carácter médico juegan aquí, también, un papel importante.
  2. El posible – ¿inevitable? – choque con las políticas de protección de datos de las personas. Unas políticas, además, especialmente protectoras en lo relativo a la información de carácter médico o de salud de cada individuo.

Observamos, en la actualidad, este tipo de pequeños-grandes movimientos, quién sabe si en un futuro no tan lejano convertidos en prácticas consolidadas. O que, sencillamente, no fructificaron.

De cualquier forma, sea cual sea nuestro posicionamiento ante tales novedosas estrategias, parece recomendable permanecer al tanto de cada una de ellas. No dar la espalda a esto que tanto escuchamos y a veces asusta un poco y que es el posible nacimiento de la llamada “nueva normalidad” para saber en qué consiste y de qué manera podemos, cada uno a nuestro modo, adaptarnos a ella.

Adaptación, solemos decir, es un concepto clave en casi todos los ámbitos de la vida y, en esta ocasión, no puede ser diferente.