¿Cuál es el sentido de tu vida, qué es lo que fundamenta las decisiones que tomas cada día?
Qué filosófica pregunta, verdad?! Tal vez no estamos acostumbrados a enfrentarnos a cuestiones de tanto calado pero que, de hecho, tienen una repercusión directa en nuestras vidas. Las empresas y organizaciones funcionan como organismos vivos y, como tales, también deberían tener muy en cuenta, antes que todas las cosas, su porqué. ¿Alguna vez te has preguntado cuál es el propósito de tu empresa?

Si no es así, deberías.

Saber qué hacemos, a qué nos dedicamos, es fácil. Sin embargo, saber porqué lo hacemos no lo es tanto. Y tener claro ese motivo es una garantía de satisfacción y confianza en nuestro desarrollo profesional a largo plazo.

De hecho, aquellas empresas que carezcan -o desconozcan- su propósito real (arraigado a valores profundos) pueden estar destinadas al fracaso en todos los sentidos.

Si los integrantes de una organización hacen algo pero no son conscientes de para qué lo hacen será muy difícil que consigan una implicación adecuada y su motivación tampoco logrará estar conectada con la de la organización para la que trabajan.

Tener claro el porqué de una empresa va a facilitarle la gestión de procesos internos como la selección del personal más adecuado, el establecimiento de procesos y la determinación de metas.

Por ejemplo, es fácil deducir que si una empresa tiene claro que uno de los valores que fundamenta su razón de ser es la integridad nunca va a mentir para tratar de dar valor a un producto o servicio y conseguir clientes.

Lo cierto es que levantarse cada día para acudir al trabajo siendo jefe, empleado, líder o colaborador puede convertirse en una batalla si no se comprenden las razones que sustentan cada cosa que se hace, cada decisión que se toma.

En ocasiones, las empresas recurren a facilitadores externos que se encargan de realizar sesiones específicas en busca de ese porqué. No obstante, los fundadores de las empresas resultan una figura clave a la hora de encontrar ese propósito colectivo y efectivo.

Si el diálogo con esa persona fundadora es posible, deberíamos pedirle que nos cuente las razones que le llevaron a fundar la organización.
Si esa circunstancia no puede darse, podemos seguir los siguientes pasos:

  • Encontrar un guía o facilitador. Alguien de confianza que conozca la empresa pero que tenga una visión objetiva y neutral.
  • Preparar la sesión. El facilitador elegido debe designar a los participantes en esa sesión de búsqueda del porqué y programar esa reunión con el tiempo suficiente y en un espacio adecuado.
    En función del tamaño de la empresa, lo ideal es que en esta sesión haya un mínimo de 10 colaboradores y un máximo de 30. Todos ellos con dos características: el gusto por su trabajo y ciertos años de experiencia en la empresa.
    No obstante, los nuevos colaboradores tampoco deben quedar excluidos: ellos pueden aportar una mirada fresca e innovadora a la historia de la organización.
  • Prever tiempo suficiente. Descifrar el propósito de una organización lleva tiempo y el tiempo es fundamental para que todos los participantes emprendan un viaje emocional que dé los resultados buscados.
  • Elegir un escenario adecuado. Hacer la reunión en un espacio agradable es crucial. Puede ser, incluso, un lugar fuera del centro de trabajo, para evitar interrupciones y romper la rutina.
    Muy recomendable evitar improvisaciones y llevar todo preparado: uso de tecnologías, material de escritura, soportes…
  • Emplear los verbos adecuados para formular el enunciado. Lo primero que  debe surgir en esa búsqueda colectiva son verbos en infinitivo. Ellos darán inicio al enunciado clave del porqué. No importa si son muy numerosos al principio; posteriormente se hará una criba en la que todos decidirán cuál de todos esos verbos es el más adecuado para definir el propósito de la empresa.

En general, podemos decir que el trabajo fundamental de un facilitador es hacer las preguntas adecuadas, provocar reflexiones y escuchar con atención las historias que vayan surgiendo.

Así, un buen facilitador debe guiarse por la intuición y ejercer su liderazgo sin imposiciones. Y en lugar de preguntar, por ejemplo, “¿Por qué te gusta trabajar en esta empresa?” debe cuestionar “¿Qué es lo que te gusta de trabajar en esta empresa?”.

Y tú ¿aún no te has preguntado por qué y para qué haces lo que haces en tu trabajo?