Vivimos un tiempo marcado por las consecuencias de la expansión global del coronavirus, una epidemia que está afectando a la sociedad a todos los niveles y que está teniendo consecuencias, obviamente, en la salud de las personas, pero también económicas y sociales ante las que se están debiendo adoptar medidas.
El ámbito empresarial está siendo uno de los sectores claramente zarandeados. Nuevas formas de trabajo -que hasta ahora eran casi anecdóticas- están debiendo ser puestas en marcha, cuando es posible, para evitar la paralización de la actividad empresarial.

Recordemos, en este contexto, algo muy importante: una empresa, en sí misma, constituye un organismo vivo fuerte, pero a la vez muy vulnerable. Las “toxinas” que, en ocasiones, atacan a las empresas les provocan problemas a los que deben poner solución de forma efectiva para seguir funcionando.

Enfermedades, muchas veces crónicas, que afectan a las empresas y ponen en riesgo su buen funcionamiento . No tienen nombres científicos llamativos, sino que obedecen a comportamientos tales como:

  • Mala organización del trabajo.
  • Incompetencia como líderes de los directivos.
  • Incorrecta distribución de tareas.
  • Conformismo de los empleados.
  • Mala comunicación interna.
  • Desmotivación de los empleados.
  • Desconfianza de los jefes hacia los empleados.
  • Imposibilidad de desarrollo de una carrera profesional.
  • Los rumores.

El planteamiento es claro: es necesario hacer un diagnóstico muy preciso de cuáles son esas toxinas que afectan a la empresa para, posteriormente, aplicar un tratamiento adecuado orientado a conseguir una óptima salud organizacional.

Una empresa u organización saludable resulta más eficiente y rentable, atrae y retiene mejor el talento y representan un buen lugar donde trabajar para sus empleados.

Las empresas, en este momento, además, han de tener un sistema inmunitario fuerte que les permita hacer frente al nuevo panorama con los recursos de los que disponen en cada caso. La situación sanitaria global, con la rápida propagación del coronavirus, está haciendo emerger como prioritarias nuevas formas de trabajo, como el teletrabajo, que, hasta ahora, eran casi residuales.

Según las recomendaciones del Ministerio de Trabajo en España, el teletrabajo emerge en estos momentos como “una medida que permite el desarrollo de la actividad laboral de forma alternativa”. Medida alternativa y temporal provocada, en esta ocasión, por la expansión del coronavirus.

En las últimas semanas, y buscando evitar contagios masivos por el Covid-19 entre sus empleados, numerosas empresas han abrazado el trabajo a distancia como una salida perfectamente asumible (y, en muchos casos, al margen de sus experiencias previas).

Herramientas como Google Hangouts o Slack están siendo empleadas por Twitter, por ejemplo, para evitar que sus trabajadores tengan que acudir a sus oficinas. Desde hace varias semanas, de hecho, Jack Dorsey, su director ejecutivo, mantiene únicamente reuniones en modalidad telemática.

Otro ejemplo de empresa en sumarse al trabajo a distancia ha sido Bankia, tras confirmar el primer contagio entre sus empleados. Un total de 80 trabajadores deberán, a partir de este momento, realizar sus funciones desde sus hogares.

En este contexto, cabe decir que parece necesario, de base, realizar un cambio de mentalidad importante, más allá de las posibilidades tecnológicas disponibles. Asumir que, tal vez, y no sólo en un caso como el actual propiciado por la epidemia, el trabajo a distancia puede resultar conveniente en varios sentidos.

Uno de los puntos relevantes a tener en cuenta a la hora de implementar esta modalidad de trabajo es la necesidad de potenciar un modelo de comunicación efectivo que consiga subsanar posibles carencias que surjan en el teletrabajador respecto al resto de su equipo.

En algunos casos, además, las empresas pueden considerar necesario disponer de ciertas herramientas que les permitan medir el tiempo de trabajo de sus empleados; y éstos, por su parte, deberían disponer en sus hogares del equipamiento mínimo necesario para llevar a cabo sus funciones de forma correcta.

La rápida expansión del Covid-19 y su facilidad para el contagio ha propiciado, podríamos decir, un gran (el primero, en realidad) experimento de teletrabajo de todos los tiempos. Un gran número de empleados en varios países del mundo, cuyo trabajo no implica relación con activos especializados o maquinaria específica, permanecen en sus casas manteniendo su actividad laboral.

Es evidente que el teletrabajo ofrece numerosas ventajas, tanto para el trabajador como para la empresa. Sin embargo, alcanzar esos beneficios requiere una previa labor de articulación de los mecanismos necesarios y cierta previsión. No todos los entornos están preparados.

De hecho, a pesar de que la tecnología está presente entre nosotros desde hace mucho tiempo, en ocasiones parece resultar infrautilizada. La celebración de reuniones telemáticas no está aún muy extendida y existen, todavía, ciertas reticencias a la hora de intercambiar información a través de sistemas de mensajería instantánea o documentos compartidos y correo electrónico.

La tendencia mayoritaria entre las empresas es, no obstante, aprovechar este tipo de tecnologías para obtener mayor rapidez de movimientos, ser más productivas y atraer talento de una forma menos limitada.

Obviamente, no todas las compañías pueden, dada su idiosincrasia, ofrecer la opción del teletrabajo a sus plantillas. Cadenas de producción, turismo, comercio y hostelería, por citar algunos sectores, quedarían al margen de esta modalidad laboral.

Una vez hecho este matiz, vamos a detallar algunas ventajas e inconvenientes del teletrabajo.

Entre las ventajas citaremos las siguientes:

  1. Reducción de gastos para el empleado, principalmente de transportes.
  2. Reducción de gastos para la empresa al disminuir costes regulares por instalaciones y costes fijos.
  3. Aumento de la productividad del empleado.
  4. Conciliación de la vida laboral y personal.
  5. Reducción del estrés del empleado al encontrarse en un entorno de seguridad y bienestar emocional.
  6. Retención del talento. El teletrabajo permite fidelizar a algunos profesionales que consideran esta modalidad de trabajo un claro beneficio para su calidad de vida.
  7. Mejora de objetivos. En lugar de seguir enfocando el valor en la gestión del tiempo, las empresas pueden priorizar el trabajo por objetivos, lo que, a su vez, incrementa la productividad.

Algunas desventajas serían:

  1. Dificultades de comunicación, debido a una menor interacción con el entorno laboral.
  2. Disfunciones en relación a la supervisión de las labores realizadas por los empleados, dado que se funciona a través de medios digitales.
  3. Posible desvinculación emocional del empleado con su empresa. El hecho de no tener un contacto habitual con el resto de su equipo puede provocar una pérdida de engagement del trabajador con su compañía.
  4. Dificultad para el trabajo en equipo. En este sentido, es muy importante el papel de la persona responsable de los equipos de trabajo, que deberá minimizar en lo posible este impacto con la utilización de recursos como reuniones virtuales periódicas, por ejemplo.
  5. Cambios en la cultura de la empresa. Probablemente, la compañía deberá propiciar un pequeño cambio en su filosofía, organización y modelo de gestión, proceso que requiere cierta predisposición y preparación.
  6. Pérdida de confidencialidad. Algunas funciones realizadas por los empleados desde fuera de la oficina pueden suponer un riesgo para la confidencialidad de la empresa debido a la existencia de ciberataques.
  7. Costes iniciales en equipos y formación (fácilmente recuperables, sin embargo).

Junto al teletrabajo, la formación online se revela, en estos momentos, como otra herramienta altamente eficiente ante la evidente necesidad de seguir formándose dentro de las empresas.

Las nuevas tecnologías representan un recurso al que, en un contexto como el actual, debemos recurrir con el fin de evitar paralizar, en la medida de lo posible, la actividad de las empresas.