Mafalda, esa niña que aborrece la sopa y las injusticias sociales, tiene hoy el pelo un poco más revuelto por la vida. Quino, su creador, nos ha dejado. Sirva como pequeño homenaje al creador de este icono de enorme lazo rojo en el pelo nuestro particular repaso por algunas de las lecciones atemporales que Mafalda nos regaló en sus viñetas.

“El futuro queda hacia adelante”.

Así le decía la niña sobre el papel a un cangrejo viéndole caminar.
Y así es, mirando hacia adelante es como no perderemos nuestros objetivos. Mirando al largo plazo y lo que queremos alcanzar, mejor que hacia lo que ya ha sucedido y no podemos enmendar. Aplicado al ámbito profesional, por supuesto, un consejo 10.

“Ya que amarnos los unos a los otros no resulta, ¿por qué no probamos a amarnos los otros a los unos?”. 

Es decir, ¿Cuántas veces nos obcecamos en ver una situación, cualquier problema, desde un determinado punto de vista que nunca nos da resultado? 

La innovación, ese valor tan preciado, se hace cada vez más necesario. Y ver las cosas desde otra perspectiva es, en ocasiones, un recurso muy brillante, también para los equipos de trabajo. Dar la vuelta a las cosas, mirar desde otro lado para extraer nuevas conclusiones y soluciones.

“El mayor defecto de los defectos es no darse cuenta de ninguno de ellos”.

Cualquier persona -y profesional- que desee avanzar y mejorar debe, en principio, conocer sus propios errores y tener la humildad necesaria para reconocerlos ante sí mismo y los demás. No hay avance sin autocrítica.

“Que lo urgente no te impida hacer lo importante”.

Pero, antes de eso, aprender a diferenciar ambos conceptos. Cuántas veces nos enredamos en cosas que “urge hacer ya mismo” y dejamos atrás asuntos realmente importantes. La tarea de un buen líder consiste en gran parte en tener muy claro lo importante y nunca perderlo de vista.

“Mamá, ¿Qué te gustaría ser de mayor?”

Así le pregunta en una viñeta Mafalda a su madre mientras ésta se afanaba en lavar la ropa.
Extraemos de aquí la importancia de cuestionarse con frecuencia las cosas, si lo que estamos haciendo, nuestro trabajo diario es lo que verdaderamente nos llena y nos hace felices.
Si lo que hacemos lo vivimos, si le ponemos pasión y emoción; porque sólo así lograremos transmitir fuerza a nuestro entorno y nunca tendremos que decirnos “ojalá hubiese…”.

“A medio mundo le gustan los perros. Y, hasta el día de hoy, nadie sabe lo que quiere decir guau”.

O la necesidad de interesarnos realmente por los demás. En un entorno laboral, la necesidad inexorable de que un jefe se ocupe de conocer a fondo a las personas con las que trabaja. Entender qué quieren decir cuando se expresan. Y no sólo oírles hablar.