¿Cómo estás?

Del 1 al 10… ¿En qué punto situarías tu nivel de interés REAL al hacer esta pregunta a uno de tus colaboradores?

Si tu respuesta está por debajo de 8, tal vez deberías replantear la pregunta. Pero esta vez, dirigida a ti mismo. ¿Cómo estás?

Dirigir personas en un equipo implica necesariamente interesarte con sinceridad por todas y cada una de ellas, sus circunstancias, sus emociones y sus dificultades. Porque recuerda: tu misión es ayudarles y, juntos, alcanzar unos objetivos. Ayudarles a crecer profesional y personalmente

Así que, si al hacer esa pregunta tu interés no es real, tienes un problema. Notarán de inmediato que no estás siendo sincero. Que la pregunta es un mero trámite, un saludo de cortesía que no significa nada ni espera en realidad una respuesta con fundamento.

Te responderán bien, gracias. Una breve sonrisa educada. Y a otra cosa.

Pero, como decimos, si este es tu caso, deberías tal vez mirar hacia ti mismo para tratar de identificar el motivo por el que el estado de tus colaboradores te importa un comino.

Quizá estás descontento con la marcha del equipo. Tal vez tienes problemas personales. Familia, Financieros. Estrés. Ansiedad. Miedo. Incertidumbre y bloqueo. No sabes bien. Una mezcla de todo un poco, puede ser.

Así que acudes a la oficina y preguntas cómo estás, como la voz robótica de la estación de servicio que te agradece la compra.

Es humano, a todos nos pasa de vez en cuando. Pero, como líder, no podrás prolongar esta situación durante mucho tiempo.

Saber dirigir con éxito un equipo requiere estabilidad emocional y un cierto equilibrio personal que no siempre son fáciles de lograr. Autoconocimiento es la palabra clave. Y añadiríamos dos más: consciencia y coherencia.
Consciencia de tu propia situación personal y de en qué medida afecta a tu desempeño laboral y coherencia para actuar en consecuencia de acuerdo a tus valores.

  • Preguntar sin tener interés
  • No valorar de forma adecuada ni evidente el trabajo de tu equipo
  • Hablar sin aportar información relevante -por apatía, hastío, miedo…-
  • Mostrarte inaccesible o distante -por temor a resultar perjudicado-
  • Acudir a las reuniones y mostrarte ausente

Son actuaciones que, de prolongarse en el tiempo, tendrán consecuencias desastrosas en tu equipo y vuestros resultados:

  1. desconfianza en tu gestión.
  2. desmotivación.
  3. sensación de incomprensión y falta de utilidad.
  4. pérdida del foco y del sentimiento de equipo.
  5. abandono.

Negarlo sería absurdo: los líderes también atraviesan por momentos de crisis. Ese no es el gran problema. El verdadero obstáculo (para él mismo y su equipo) sería no reconocer estar viviendo un momento complicado y no hacer todo lo posible por atenuar las consecuencias.

En este sentido consideramos necesario que cualquier persona dedicada a dirigir equipos invierta un tiempo importante en su propio bienestar y fortaleza psicológica.
De esta forma, logrará ser consciente de sus propias situaciones emocionales, gestionar su estrés y estar más presente.

No preguntar a nadie de tu equipo cómo está si no estás dispuesto ni preparado para escucharle sería un buen primer paso.

Indagar en ti para tratar de rescatar los valores que te mueven como profesional y conectar de nuevo con ellos podría ser el siguiente segundo paso en el camino hacia un liderazgo auténtico, sólido y humano.