“Esta mañana he llegado al trabajo enfadado, estoy harto de ver que no avanzo porque nunca se me reconoce nada de lo que hago. No tengo ganas de hablarlo con mi jefe porque nunca presta atención. Hoy ha venido a preguntarme por un informe y le he contestado de forma brusca. Hoy he contestado mal a mi jefe. Estaba muy nervioso, no era mi día”.

Manuel, 39 años, es uno de los integrantes de un equipo dentro de una empresa del sector industrial. Está nervioso. Ansioso, incómodo.
Nos pasa a todos, a veces; con más frecuencia de la deseada en estos tiempos, tal vez. Nuestras emociones, sin darnos cuenta, toman el mando y condicionan nuestra vida, personal y profesional.

Así que Manuel podríamos ser cualquiera de nosotros una mañana de trabajo cualquiera. Personas con “recorrido”, líderes con una amplia experiencia a sus espaldas, con capacidad para tomar decisiones importantes de manera ágil en el día a día, casi siempre.

Y, sin embargo, -o, más bien, también- personas que sufren porque en ocasiones se ven asaltadas por pensamientos como “no valgo”, “no estoy a la altura”, “no lo estoy haciendo bien”, “me siento incapaz”, “no me siento valorado”.

Cada Manuel reacciona como puede y sabe. Pero todos en respuesta a algo muy obvio pero que nos pasa muchas veces inadvertido: la naturaleza humana. Y conocer algo más acerca de nuestra naturaleza humana nos puede ayudar a conseguir cierto grado de predictibilidad en nuestro comportamiento y ejercer un liderazgo más sólido..
Es decir, saber que cuando nos está ocurriendo A, probablemente, vamos a actuar de forma B y estar preparados.

¿Cómo se relaciona lo que pensamos y sentimos con lo que hacemos en nuestra vida personal y profesional? ¿Qué determina que un colaborador de un equipo esté motivado y, en las mismas condiciones, otro se muestre desconectado? Que uno sea capaz de promocionar en la empresa y otro se estanque.

En un contexto organizacional es de vital importancia conocer cómo funciona la mente humana, saber algunas premisas básicas para saber qué hacer desde los comités de dirección y direcciones de Recursos Humanos para incentivar el compromiso, los buenos resultados y el bienestar personal en los empleados. 

Contamos, en este sentido, con algunas ideas que pueden orientarnos.
Por ejemplo, hoy sabemos que todas las personas poseemos 6 procesos o anhelos raíz y que cada uno de esos procesos presenta su propia barrera mental que nos impide funcionar como nos gustaría y obtener los resultados que buscamos.

Veámoslos:

  1. Búsqueda de orientación. Necesitamos controlar, planificar, porque así sentimos que todo está en orden. Cuando esta necesidad de control nos oprime se convierte en barrera y dejamos de poner el foco en lo que está sucediendo en el momento actual.
    El viraje necesario en este caso sería la presencia, saber qué hacer con lo que tenemos entre manos ahora.
  2. Necesidad de sentirnos competentes. Se convierte en barrera cuando queremos que todo salga perfecto de acuerdo a nuestro parecer y empieza a afectar a las relaciones con nuestro equipo.
    Comprometerse con el cambio es en este caso el viraje preciso.
  3. Comprensión y coherencia histórica. Es la necesidad de comprender quiénes y cómo somos. Se convierte en barrera cuando lo usamos para dar una explicación a nuestro comportamiento y tener siempre razón.
    Viraje: despegarse de los pensamientos y dejarlos pasar.
  4. Sentirse bien. Se convierte en obstáculo cuando nuestro comportamiento depende de nuestras sensaciones. Dejamos de hacer cosas para evitar sentir vergüenza, malos recuerdos…
    El viraje requerido es aquí la aceptación de nuestro mundo interior y de que, a veces, vamos a sentirnos mal.
  5. Pertenencia. Queremos sentir que somos aceptados, valiosos. Buscamos validación externa, pero esa necesidad nos puede hacer perder la perspectiva de lo que es importante para nosotros.
    Viraje: tomar perspectiva, saber vernos desde fuera y analizar.
  6. Búsqueda de un propósito mayor. Cuando los valores son valores socialmente impuestos este proceso se torna en barrera.
    Escapar de valores autoimpuestos sería el viraje adecuado. Preguntarte ¿Qué harías si nadie te mirase? ¿Cómo sería tu trabajo si no tuvieras que dar cuentas a nadie?

Para finalizar, destacamos la importancia de, en un proceso de gestión del cambio, ser capaces de no perder el foco, especialmente en contextos de incertidumbre y descontrol. Saber a dónde queremos llegar y no perder eso de vista.

Asumiendo que cierto grado de sufrimiento es inevitable, que sentirnos nerviosos, con ansiedad, tristes o preocupados entra dentro de lo normal. Pero entrenando también, a través de herramientas como el coaching, ciertas habilidades que nos permitan que la forma en la que nos sentimos no condicione nuestra vida personal y profesional.