Podríamos decir que es frente a situaciones adversas y entornos poco favorables cuando mejor podemos testar la solidez de nuestra labor como líderes de equipos. Equipos cuya solvencia depende a su vez, en gran medida, de nuestra propia capacidad como managers para extraer lo mejor de ellos. Veamos, pues, la importancia de fortalecer a nuestros equipos ante situaciones de incertidumbre como la que, de hecho, vivimos en la actualidad.

Existen, en este sentido, diferentes estrategias a seguir, ninguna de las cuales pasa, evidentemente, por negar la situación o mirar hacia otro lado, haciendo como si nada estuviese ocurriendo.

Así, la comunicación se revela como un factor determinante. Buena comunicación: para tomar el pulso al estado anímico de cada persona integrante de nuestro equipo, conocer sus miedos, inquietudes, expectativas, necesidades…

Mantener una reunión personal de calidad con cada persona de tu equipo puede ser una buena iniciativa. El objetivo: entender qué cosas le motivan y desmotivan en ese preciso momento, ante esa nueva situación.

A medida que vayas descubriendo los factores que influyen en cada uno de ellos podrás observar, al mismo tiempo, qué personas podrían estar necesitando reconocimiento, apoyo, tal vez nuevos retos, cambios o, quizás, asumir nuevas responsabilidades. Podrás MOTIVAR a tu equipo, en resumen.

La retroalimentación -feedback- es otro de los elementos clave a la hora de fortalecer a tu equipo, particularmente en contextos adversos.

Este feedback puede ser positivo o de reconocimiento y también de mejora. En este caso, por razones obvias, emplearemos el feedback de reconocimiento y servirá para reforzar aquellas conductas y actitudes que interesan especialmente al equipo. Tú, como líder, aportarás feedback a los miembros de tu equipo, pero, además, solicitarás que ellos te lo den también a ti. Para aprovechar todo su potencial, esta deberá ser una herramienta bidireccional.

Crear seguridad entre los miembros del grupo de trabajo es otro factor que conseguirá fortalecerlo. Y esto puede lograrse atendiendo a estas recomendaciones:

  1. Planificar los objetivos del equipo. Saber qué se quiere lograr, con qué recursos se cuenta para ello y establecer fechas claras para su cumplimiento.
  2. Enfocarse en los resultados. Sin duda, van a surgir inconvenientes por el camino, pero el hecho de centrarse en resultados y no en problemas dará vía libre al surgimiento de nuevas ideas y propuestas que ayudarán a llegar a la meta con éxito.
  3. Desarrollar la flexibilidad. Aprender a distanciarse de los pensamientos más incómodos para dirigir, día a día, de acuerdo con tus principios. A pesar de los momentos difíciles, de la incertidumbre.
  4. Descubrir y canalizar las fortalezas del equipo. Claramente, cada miembro de tu equipo va a tener un punto de vista diferente de la situación. Y es tu tarea comprender cómo se complementan sus fortalezas y debilidades. El enfoque en fortalezas resultará, en este sentido, esencial.
  5. Delegar. Una vez que conozcas las fortalezas de tu equipo y lo que motiva a cada uno de sus integrantes deberás aprender a delegar tareas importantes en cada uno de ellos. Confiar en sus fortalezas hará que, a su vez, tu equipo confíe en ti.
  6. Promueve conversaciones de valor. Por más complicada que sea una situación, optar por el silencio o hacer “como si nada” no ayudará en absoluto. Practica para conseguir mejorar la calidad de tus conversaciones y atrévete a afrontar conversaciones consideradas “difíciles” con tu equipo.