Hoy en día tenemos que transmitir nuestros mensajes de forma rápida, casi instantánea. Los tiempos de la sociedad de la información parecen haber acortado el tiempo de acción-reacción de modo que a veces éste se reduce a unos pocos segundos. Resulta de vital importancia, en estos tiempos, reconocer la importancia de saber comunicar

Además, la velocidad y voracidad a la que se consume la información es de tal magnitud que no sólo importa la rapidez de la acción-reacción sino la brevedad del mensaje. Solo leemos la información inmediata y breve.

No tenemos más que verificar el tiempo que dedicamos a leer, por ejemplo las noticias, bien sea vía Twitter, Facebook, página web o buscando los titulares en Google, para ver que la cantidad de emisores de información se ha multiplicado tanto que sólo nos paramos brevemente en cada uno.

Desarrollar habilidades de comunicación se ha vuelto una urgente necesidad debido al escaso tiempo de respuesta que se nos exige socialmente ante cualquier información que nos atañe.

Por tanto, si alguien publica un comentario en las redes sociales, la réplica tendrá que ser inmediata e igualmente breve porque de lo contrario podría generar hastío del voraz receptor a mitad del mensaje.

Esto se traslada a nuestra manera de comunicarnos diariamente. Al igual que queremos consumir información rápidamente, tenemos que transmitir nuestro mensaje de la misma forma ya que la persona que lo recibe no tiene tiempo de asimilarla.

Todo esto, además de generar un cúmulo incesante de equívocos, desmentidos en todo tipo de réplicas y contrarréplicas en las redes sociales, hace que transmitamos mensajes de forma instantánea y breve. Esto genera una serie de problemas que antes no existían porque rápido y breve puede convertirse en atropellado y precario.

No es infrecuente que la transmisión de la información entre un manager y un miembro de su equipo resulte infructuosa por este motivo, que no es sino un reflejo de los tiempos. Así, el manager reacciona ante una noticia relativa a su colaborador de forma instantánea obligando a éste a escuchar su mensaje en ese mismo instante de forma concisa y abrupta. Vemos así la importancia de saber comunicar.

Lógicamente el equipo reacciona a la defensiva de forma igualmente instantánea y abrupta, busca su justificación con los reflejos que le permita la inmediatez del momento. Ambos quieren resolver la cuestión de forma rápida porque uno entiende que en breve deberá pasar a la información siguiente y el otro, que si no responde rápido no podrá hacerlo nunca .

Naturalmente no existe la posibilidad de entenderse porque se entabla una mera confrontación que se decantará del lado del superior jerárquico. Sin embargo el mensaje que no cuaja, que no se comprende, que no penetra el subconsciente del receptor sólo servirá para prolongar o posponer el problema. A veces el mensaje breve e instantáneo resulta incomprensible para la persona que nos escucha o lo que resulta más dañino: se entiende otra cosa.

En realidad, esto sucede porque este paradigma de la comunicación actual –inmediatez y brevedad- puede suponer, en muchos casos, pasar por alto los principios tradicionales del buen comunicador.

Así, el buen orador jamás improvisa y cuando dice que lo hace, en realidad, simplemente aplica su instrucción –sus habilidades pre-aprendidas- de forma que parezca espontánea cuando no lo es.

La improvisación es una compañera de viaje habitual de la comunicación basada en la inmediatez y la brevedad. Decir “lo que en ese momento pienso” implica que tengamos que “ordenar los pensamientos” de forma tan rápida que con frecuencia aparece el equívoco y el posterior desmentido o arrepentimiento con las consecuencias que ello implica.

En ocasiones ni siquiera entendemos que debemos recabar información previa antes de emitir nuestro mensaje. Hoy día el número de emisiones de información puede llegar a “superar” a los receptores, generando el problema de que no nos escuchamos. Así, en cualquier mesa redonda, cuando todos quieren hablar, nadie escucha ni, por tanto, ningún mensaje llega a ningún sitio.

Es necesaria una estructura mental acorde a lo que deseamos decir para que nuestro mensaje pueda no solo “calar” en nuestra audiencia sino simplemente entenderse de forma adecuada. Vemos, una vez más, la importancia de saber comunicar para transmitir lo que deseamos.

Para ello será necesario elegir la estrategia retórica adecuada definiendo claramente un plan y un objetivo, adaptar el mensaje a las circunstancias y las expectativas del receptor .

Por tanto, será más necesario que nunca adquirir las habilidades necesarias para comunicar bien, pues hoy las exigencias de velocidad de respuesta nos imponen una mayor destreza.

Este artículo está escrito por Gorka Martinez Lopez de Heredia.

Agradezco enormemente a Gorka Martínez la redacción de este artículo y la elaboración de una formación que, desde lo esencial aportado por los sabios de la oratoria, permite progresar en los conocimientos necesarios para tomar conciencia de la importancia de saber comunicar.

Gorka Martínez López de Heredia es Abogado Penalista con 15 años de experiencia (Universidad de Deusto, 1999) actualmente en el bufete penalista Urraza y Mendieta Abogados, Master en Asesoría Jurídica de Empresas por el Instituto de Empresa (2001), letrado de asociaciones de policía, consultor jefe Criminal Compliance Urraza y Mendieta Abogados.